Es evidente que estamos trabajando con simbolismo Artúrico en la Copa y la Espada, y parecería encajar bien con la naturaleza del glifo si tomamos al Rey Armado sobre su corcel de batalla en el Rayo Rojo como el Rey Arturo, y al Rey entronizado en el Rayo Azul como Merlín, pues Merlín fue, sin duda, el dador de leyes al reino de Britania, y su poder era el de la Sabiduría Secreta, tal como afirman todas las leyendas.
La obra en la que estamos comprometidos, como ya sabemos, deriva su contacto primario de la Tradición Rosacruz, pero su expresión en el mundo exterior será evidentemente a través de la rama artúrica de esa Tradición.
Puede parecer extraño hablar de los Misterios del Grial como un aspecto de la Tradición Rosacruz, ya que los preceden con mucho; pero, a efectos prácticos, esto es correcto. La Tradición Esotérica Occidental —como se denomina colectivamente al conocimiento místico de las naciones cristianas— se compone, al igual que todas las tradiciones esotéricas, de los Grandes y los Pequeños Misterios.
La Tradición Rosacruz es el depósito de la sabiduría secreta de las antiguas religiones de Misterios, el neoplatonismo y la alquimia. Los Pequeños Misterios de los britanos y los celtas, que conocemos como el Ciclo Artúrico de leyendas, derivan —tanto por evidencia intrínseca como psíquica— de los Antiguos Misterios.
Un Lugar de los Pequeños Misterios siempre está vinculado a un Templo de los Grandes Misterios, y como la Orden Rosacruz es la descendiente directa y depositaria de la Tradición de los Misterios antiguos, es del todo correcto hablar de los Misterios del Grial como parte de la Tradición Rosacruz, pues así es en la actualidad, por la excelente razón de que no pueden trabajarse aparte del conocimiento rosacruz.
A la luz de esta explicación, podemos ver claramente cómo nuestra obra se ha desplegado gradualmente como una flor que brota de raíces vivas, ofreciendo así una evidencia clara de la veracidad de la afirmación de que las instrucciones para llevarla a cabo se reciben desde los Planos Internos.
Sabemos, por tanto, que cualquiera que sea la forma que asuma nuestro trabajo en el futuro, se expresará en términos del simbolismo artúrico y estará arraigado en la Tradición Artúrica. Esto nos brinda otra información interesante: la Tradición Artúrica está estrechamente vinculada a la Iglesia Celta, el cristianismo primitivo pre-romano de estas islas, traído directamente desde Tierra Santa por José de Arimatea, el portador del Grial.
Esto constituye para nosotros una clave de suma importancia, pues nuestro problema ha sido mantener los contactos cristianos mientras nos liberamos del yugo engañoso de lo que madame Blavatsky denominó tan acertadamente “iglesianidad”.
En el cristianismo primitivo de estas islas tocamos algo muy simple, puro y muy cercano a la Naturaleza, pues no hubo disputas entre los sacerdotes del Sol y los sacerdotes del Hijo cuando la inspiración del Grial llegó por primera vez a estas islas: uno se fundió naturalmente en el otro.
Merlín era, indudablemente, un sacerdote druida, y la tradición lo declara atlante. El rey Arturo era, igualmente sin duda —y aparentemente con pleno acuerdo de Merlín—, un caballero cristiano. Por consiguiente, poseemos una tradición de caballería cristiana unida a la antigua enseñanza del Grial. Aquí sí que hay un campo rico para nuestro cultivo.
De esta fuente podemos extraer una inspiración que es nativa de estas islas, aunque no limitada a ellas, pues las leyendas se extienden por toda Europa a través de las búsquedas de los diversos caballeros.
Podemos concluir, entonces, que es Merlín, el Sabio Antiguo, quien con la vara señala la dirección en que debemos avanzar.
